Todo el papel fotográfico eran sus ojos
venían de un extraño juego con la noche
(el claro día merodeaba)
y el muchacho que no le sonreían los ojos
que tenía carcajadas dentro y no sonreía
se iba vaciando de su fuego
sin saber que decía sí, que estaba diciendo sí
como un amanecer que poco a poco va a arder
como la sonrisa que yerra entre las flores
y algo sabrá un día de un aroma más nítido
algo tan pequeño como el gajo del otoño
ser pequeño como la foto de carnet que vi
voracidad que no encontré reflejada en el papel
aullido a los Cielos que inquiere algo más simple
abandonado y roto, tal vez entre las basuras
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