Cuán pobre sería un tiempo monstruoso.
Cuán pobre sería el universo enloquecedor.
Llantos..., sólo nos llaman los llantos
a las estelares agonías.
Es menester dormir embriagado
en una noche complacida del contacto de dos latidos...
¿Me hablas de distancias infinitas?
Yo te hablo de mis ojos que examinan
las concomitancias, del aire y de la gota de agua,
de la fragancia que cansa
antes de volatilizarse en su fantasía.
Esa fracción minúscula ¿no ha hecho
madurar en ti la pura simplicidad de lo imperecedero?