Tus pies son manzanas robadas
que evoco mientras te alejas
y pisas la hierba descalzada.
Tus pies son de un cristal
que los envuelve de nostalgia
y que ya no pueden hallar al dueño de sus recuerdos
porque dos rosas temblaron,
mojadas y entre sus dedos,
en una amanecida lejana e irrealizable.
Ser el dueño de tus pies es como batir las alas
hacia el infinito
y saber que, aquellas manzanas que robé de niño,
siguen suscitándome mala conciencia.
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