No hay invierno de aguas turbias,
sólo recuerdos estancados en la desdicha.
El viento es la mano amiga que se me tiende y reanima...
Y digo desdicha y digo amigo
en el vientre de un ave
que me ha cruzado alma y me hiere con olor de vida.
Todo mi pasado ha quebrado.
Las espigas revientan con sus granos de hermosura.
Mi cuerpo lo estoy tocando,
bello en su sombra de frialdad con lluvia.
No vendrá mi persona hoy a trastornarme
pero arderá una llama inmóvil desde mi boca
que te cubrirá de alientos y vapor errático.
De veras... de veras, estoy sediento de ti.