Se azucenan los ojos, se cierran,
vuelan en su interior los pájaros con una maldición
como en columna de fuego,
y presiento a Dios mirándome.
¿No se han roto tus dos lunas?
En equilibrio se esparcen todos los silencios
...y no hay voces, ni agua, ni sentimientos para sentir.
Espero sólo la constelación, mi constelación,
que se abra de estrellas un lugar en el mar profundo.
Sólo miro pasar por mis ojos los pájaros,
como una tontería
que me revela la sencillez del Altísimo.