Vendrían por abril lluviosos los sueños que meditas,
caminantes jóvenes broncearían las calles,
retornarían las inquietudes que no se alcanzan.
Tú que estás mirando el mundo con tu noche,
abarcarías la paz que te envuelve ahora,
y acaso te darías por vencido,
como si las calles de tu ciudad se te hubieran metido
en el corazón... Y saldrías a silbar tu melodía,
dejando al río negro pasar con los rumores
que ya vienen valle abajo, y tú, titilando con cosas
que verdearían desde tan adentro, tan adentro.