Vendrá un alba exacto a la lujuria,
y habrá en sus rojas nubes juegos
y malos pensamientos,
y habrá sed y hambre de volver a los orígenes,
como si de tanto esperar la risa de la vida,
que ella se guardó en la memoria
de un momento perfecto mucho tiempo hace,
hubiésemos encontrado algo parecido
a los ojos altos que nos conminan,
impúdicamente, a soñar
con las sombras de sus iris,
como dioses en la penumbra
perforados de aguas puras y lágrimas,
que no miraron nunca esta pena
de no saber, de no entender
que la vida anduvo escondida casi siempre,
y jamás se prodiga.