Se callen los que hablan tanto
Se callen los que ladran
Yo sólo prefiero mi otoño
la rama que se desviste
la lluvia que se despista de mí
Mírenme durmiendo
los que no me comprenden
Los gatos se arrimen a mi calor
es mucho lo que doy
Se callen los que hablan tanto
Se callen los que ladran
Yo sólo prefiero mi otoño
la rama que se desviste
la lluvia que se despista de mí
Mírenme durmiendo
los que no me comprenden
Los gatos se arrimen a mi calor
es mucho lo que doy
Voy caminando muy solo, derrumbándome,
cayendo en la calle, desapareciendo en la calle
que me traga cual animal sangriento,
que me habla con palabras de cielo gaseiforme,
sin poder descifrar nada, sin entender
las lunas en que se refleja mi sangre por la frente
y me encierran en una caída,
y me dan la comida y el vestido de los pájaros
que van brotando, riendo, en mi noche triste.
Madrid, 1988
Tembloroso viene el hombre
con las manos temblorosas viene
temblorosas sus piernas
su cuello está rígido
ha trabajado mucho
los campos están espigados ya
ha llorado por algunas mujeres
viene de un túnel oscuro a la claridad
su pecho abierto palpita
su sangre rezuma por su camisa el olor
del que ha buscado cerca de la muerte
ha rozado a Dios y no lo sabe
ha visto cosas que no puede recordar
son hermosos los campos espigados
está atardeciendo una noche nueva
y es hermoso que las cosas ocurran así
es transigente el olvido de todo
pero presiente que nunca olvidará
la noche nueva y estrellada que llega
Vas hasta los verdes declinantes
de los valles con mediodía y sol
y parece que vienes a mi sombra
consolándose con la esfera de tu vientre
que cae sobre los llantos de los niños
para empujar la vida
y abre una lágrima y cierra algo
que no descifran los sabios
ni ha verdeado en los montes todavía
y me trasforma en hombre
Tú vendrás caído como el primer hombre
Oirás el llanto de un niño como el primer hombre
Adelfas para el luto, salobres adioses
Y callarán los pájaros qué sonreían arriba
Y en el mediodía sentirás el frío de tu amada
Y para no oír el griterío de los cielos estrellados
yo no sé, no sé dónde entrarás
Altos cielos caerán, lluviosos cielos y perplejidad
En la carcomida silla en que mirabas el mundo
reconocerás que viviste mucho
que sonreíste. Como el niño del primer hombre
la sal, los adioses, tú y tu perplejidad empezando
a empujar la vida que no elegiste
Duermen ellos casi muertos
en un alba que sueña caluroso
Tú vienes con la carne hambrienta
y la sal y el vinagre en los ojos
En lo profundo de ti
quisiera verte dormido
Quisiera ver que te has callado
y no puedes despertar
ni levantar la voz sobre el silencio
Costras en tu sexo y en tus ojos escamas
Dolorosos partos para tus hijos
y una sombra sin azúcar en su leche
¿Por dónde has entrado
que te duelen los umbrales?
Ven por la vereda grande
y deja que tu mirada se esparza
Yacen las lumbres apagadas en el suelo
y titilan las luminarias a lo lejos
Con ojos de un frío sueño
derrúmbate en la alegría del alba
Alma, vereda y sueño
es muy poco y es mucho más
Caen las luminarias a lo lejos
está destronado el cielo una noche
Azules vienen a guardarlo
de tus ojos y el frío sueño negro
Hoy la infiel será avergonzada
y a salivazos esculpirán
el olvido de una noche de amor
Pero es muy poco y mucho más