En lo profundísimo, en lo ultimísimo
vino la constancia de la hierba,
los lechos de flores, el bien mío.
¡Y que estando tan cercano no te conociera,
ni te entendiera, ni supiera de ti!
El rígido destino se dobla.
Mírame callado siguiendo los pájaros:
¿A dónde van? ¿Cuál es el cielo rojo que persiguen?