Vendrá la cirugía del otoño
como una rosa grande envenenada,
bella y fiel a dormir sobre el pecho
de un suelo de agua dura y de ramas.
Y yo estaré triste porque quiero
allá y en cada cúspide solitaria
que lleve hasta el cielo nublado
un clamor de sed en mis pisadas.
Mi sed que no sé qué busca
ni en dónde quedará saciada.
¡Ay que ríe ya la vida esperando
este derrumbe que la nada declama!
¡Y qué colmada y triste estará la avecilla
huyendo de esta guadaña que canta!
No hay comentarios:
Publicar un comentario