Del animal ensangrentado y su sufrimiento,
de su morada aquí, y con la que no comercia,
esta manera de ser fiel al dolor y una obstinación
hincada dentro, el rayo que cruza a mí bestia,
cargo tal vez la pobreza de alma
y, en los ojos sin brillo, mis amarres a la Tierra.
No sé más de mí sino este trastorno de mi linaje
que aparece de pronto, y me marea,
ensalivando la boca que me desentierra de un sueño.
¡Pobre rencor en mi dentellada siniestra!
¿...un canto a la fidelidad, con si mismo?, un poema con mucha fuerza.
ResponderEliminarCarmen
Encontré tu blog de casualidad, y ha merecido la pena.
ResponderEliminarMe gustan tus poemas, enhorabuena.Saludos
Javier H.
Me gusta tu poema, tan crudo y a la vez tan hermoso. Felicidades por tu blog y saludos.
ResponderEliminarPablo