Mi mente que
llega y no retrocede,
que se
levanta entre numerosos caídos,
lirio pobre y
trémulo,
bella de luz
cerrada y aullidos
angustiados por
cordilleras blancas,
nunca vino a
mi jardín florido.
¡Mi jardín
de rosas tantas
y de tantas luminarias
esclarecido!
Mi jardín,
el que nunca cultivo.
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