Mi amante,
que huyó al campo,
se tendió sobre
una verde primavera,
donde las
flores discrepaban cuál más bella.
Tan alta,
tan alta, me pareció entre ellas,
que cambié
mi corazón, por contemplar
el éxito que
la confundía, arriba,
con las
elevadas esferas.
Un corazón mucho
más alto quiero, madre,
donde mi
amante refulja cerca.
Y, si es
feliz respirando del sol
que se desangra
-¡qué belleza!-
en el campo
que sueña,
decirle lo cerca
que mi corazón la esperó
de las
flores que decoraron sus caderas,
tan altas,
tan altas, que confundí, también,
con material
de estrellas.
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