sábado, 4 de enero de 2014

No era triste verla alejándose...

No era triste verla alejándose en una tierra solitaria,
humildemente sonriendo a las canciones.
Era el cansancio del animal que ha dormido,
que vuelve oscuro a sus soleadas extensiones,
mimosamente pasivo en su misterio,
la eclosión diurna, los breves gorriones,
la paz que pasa por tu lado precipitada
como el agua del cielo sin grieta de imperfecciones,
y una luna mansa que espera a la noche
y duerme en el olvido de borrosos presentes.

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