sábado, 12 de julio de 2014

Yo era hermoso...

Yo era hermoso como una piedra en el dolor. Equivocáranse todos los hombres bajo una andanada de lluvia, giraran aturdidos menoscabada la gracia de Dios y pudiera yo tenderme levemente ignorando que caí. Ya no soy yo; otro rostro artificioso precede al rostro amado, ya no hay sendero incendiado hasta tu casa, oscuras manos tiendes hacia mí. Jardines soleados miran el poniente, y crece una súbita maleza vespertina, y el beso es asesinado en la cintura de un horizonte que ya no iluminará el relámpago. Yo era hermoso como una piedra en el dolor. El estremecimiento que sentí andando hacia ti brillará un tiempo, y pasará el candor de la tez mojada hundida entre las sábanas. Y este aliento que me nace en el canto que ahora vuela a tus ojos, dejará una huella que será pisada, y habrá un río que la arrastre y habrá una consumación de los tiempos que la borre. Pero yo sé que no lo creeremos nunca y que vagaremos fantasmales por la Tierra buscando no sé qué boca que tenga el mismo astro.

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