Este es mi jardín donde me dejo lastimar por las rosas. Una multitud
de ellas vienen rodando, lejos, hechizando la vereda de una amenaza de morir.
Todas las rosas del mundo llegan a este cementerio maravilloso de suicidas
donde abril sueña como nadie sueña. Amada mía, las rosas que yo he visto usan de
cuchillas que rasgan la piel. ¿Podrías imaginarte algo más bello? Toda mi sangre
y todos los perfumes. Todos mis dedos tocando la muerte, esa muerte mustia que
da en pensar con las cosas breves. Yo tendido ya sin sangre, ellas aguardando
al espíritu de abril para regresar de nuevo.
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