Estoy viviendo si permito
que me canséis el corazón. Poemas que maltratan, poemas que oxigenan, poemas que
hienden las cosas. No hay camino que lleve hasta el espíritu agotado que esta
manera de sembrar en el viento. Más allá de mi morada, la poesía se tiende en
el horizonte ungido. Y aunque sé que todo fue milenariamente rasgado por las
espadas, yo he dejado en ella un tramo de mi vida. El velo de mi templo se ha agrietado
en dos partes. Ayer o anteayer comenzó la simpleza de vivir acompañado de verbos
que profundamente laceraban la piel. Y
sé que muchos vocablos se han deteriorado por un castigo impío. El tiempo se
precipita rápidamente. Ayer o anteayer observé mis flores retoñar. Mi alegría
no me ha permitido percibir otra cosa que a ellas.
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