Vengo con sed y con boquetes porque mis perturbaciones son la sed y el
hueco. Vengo a una llanura de pechos y de venas henchidas de leche. Vengo a un
grueso de tropas invencibles para colmar y engullir su mínimo vacío. La sombra
de un árbol ya no me complace, ni las dudas pueden afligirme el pecho. A
rebosar vengo. Yo, manantial. Yo, excelsitud. Esta alegría no ha venido a fracasar.
Esta alegría ya casi está besándome. Por el camino, voy abandonando vísceras
calientes. Hoy comienza mi día equivocado. Y escribo equivocadamente, porque no
se puede escribir de otra forma cuando algo cautivador va a turbarnos y tendernos
sus manos abrumadoras. Y se sale.
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