Que siento un frío que me raja
el pulmón desde un fondo
y, desde un anverso, me deslumbra su acero
como una flor infeliz victoriosa.
Agua del pulmón, flor, dolores ¡Oh Jesús!
No hay sangre en mi pecho,
y me he quedado dormido
con una vaharada que destroza el aire,
que anuda el aire con cordeles,
que no me insufla un poquito de él.
Oxigenada llama, oxigenado dolor...
¡Oh Jesús! ¿Tan dentro del hombre
pusiste al hombre que no probó su felicidad?
No hay comentarios:
Publicar un comentario