jueves, 20 de septiembre de 2018

Extraño tu rosa...


Extraño tu rosa en el pelo adolorida de matinales
soles, tostada como una entraña que se retuerce,
o fija como los dioses que no te dieron la espalda.
Extraño una cabellera negramente dormida
sobre espirales de humo negro y angustioso.
¿Y si acaso la rosa se esparciera?
¡Tanto temo! ¡Tanto voy amasando por el camino
el pétalo que respiraba detrás de mí!
¿Y si Dios enfurecido te negara aquella rosa
que, en tu pelo, con dolor, te construía una espalda
para el fondo de las aguas y cristales de mi sueño?
 

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