lunes, 8 de octubre de 2018

Con puños plácidos...


Con puños plácidos de la amanecida despertará
el cerebro donde caló la lluvia una vez riendo,
cuando pensaste que se abrirían las puertas
de un cielo que también reía y bostezaba.
La mañana se rompió en el rosado del horizonte
como una pequeña flor robada y asustadiza,
en medio del firmamento que la enloquecía.
Y dijiste ¡adiós! como una mentira,
como se pronuncian todos los adioses
cuando se adentran las voces en la neblina de la lluvia,
rompiendo el pasado como si no hubiera sido cierto,
ni tan noble como pudo haber sido entonces.
 

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