¿Qué le ha ocurrido a los pájaros?
Se parecen las palabras ahora a los pájaros,
pero ¿qué le ha ocurrido a las palabras?
Se parecen las palabras a los sueños de anoche,
pero ¿qué le ocurrieron a los sueños anoche?
Llorar no es mentir, pero si lo es, sin embargo.
Y exclamo: ¡Bendito, bendito!,
y me doy cuenta que he caído en una infelicidad
y que en medio de esa infelicidad
se alzan absurdamente, se repiten absurdamente:
¡Bendito, bendito mi Dios!
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