lunes, 11 de febrero de 2019

Ciñéndole la niebla...


Ciñéndole la niebla va herido
hasta donde el levante lo cubra
de la sangre del horizonte,
que se está haciendo de lentas maldiciones.
Y las manos imploradoras,
más cercanas al sol puro, mediten
y quieran oír su llanto:
Que ya no se puede más andar, hermano.
Que ya no hay oxigeno.
Que sólo hay un irse.
Que todo anda por lo nocturno diciendo adiós.
 

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