Vendo el dolor de una estrella cualquiera
a punto de apagarse.
En una blanca casa me tiendo
a observar el caos del firmamento
y sus lágrimas que arderían en el frío
y mancharían su corazón noble encalado.
Vendo mi dolor lejos,
en una lejanía de frialdad
donde se hallan los fríos que arderían
como roncas nubes estrellando el granizo
y su maldición de fugacidad.
Lejos... más lejos, el Creador que levantó estos huesos,
parece dormir el sueño de su confusa Creación.
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