Clamando mi voz se desintegra próxima,
mi voz que tiene alma se desintegra,
alma que ha venido a encarecer.
Ojos míos que miran hacia el cielo
donde se desintegra la voz más amada.
¡La mirada!, la mirada está esquivando
la dulce menguanza de mi alma.
Entre los pobres de espíritu, yo, clamando,
y en la proximidad de este infierno
se va quemando mi voz, que tiene alma.
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