Para venir aquí como rio o lluvia,
sólo tienes que extender los brazos
y alcanzarme herido en la calle.
Sí, de sombra en sombra,
de mustias flores me esparzo
delante de todos, con el mar mirando
la solitaria estrella que no baja,
que jamás cederá a los ojos
que tensan el cielo hacia ella
y, sin embargo, está tendida en el pozo,
tan bella y al alcance del beso.
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