Arden las memorias tristes que zozobraron
doblaron el mar en un otoño de lumbre errática
volvieron soñadoras con los ojos en lo lejano
despojadas por el otoño que nos iluminaba parciales
Las doradas luces del otoño me envejecieron
la ciudad envejeció y el invierno aterido vociferaba
callados apenas podíamos describir la soledad
Alguien bostezó con el rostro del sueño
alguien que no supo de la inmensidades de la noche
y despertó sin memoria ya y con otra risa
con los zapatos llenos de inminencias y sin memoria
con la panza hinchada y sin memoria del hambre
La calle y los zapatos, mi rostro con la risa cambiada
arribaron en este invierno de luz y árboles esqueléticos
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