Sobre mí un Dios inmaduro para asemejarse
se empequeñece, se cubre la faz
la mar no le ahoga pero mis lágrimas le ahogan
dudoso monte al que subo jadeante
si Él duerme mi alma, si me da calor
si la llovizna del camposanto me ha mojado
reposaré mis ojos, cerraré los párpados
y sé que le dejaré matarme un día extraño
en el que bajaré la vista del horizonte
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