Fiebre. En la oscuridad un hundimiento
laberinto que segrega pus amarillenta cual luna veloz
noche para buscar uñas con deseos de hierba
todo poblado de arroz como tendones crudos
paz que se mueve horriblemente y ablanda los hierros
dolor del perro que aúlla sin su amo
oigo el absurdo claramente recostado a mi lado
siento su peso sobre mis garras que lo sujetan
susurra ideas atroces en mí
en mi pecho un jadeo de voces que se estiran
el infinito está aquí y no sale en busca de las estrellas
el infinito no se ha movido desde hace años
el caballo relincha y ha huído del agua que le asusta
yo siento sólo mi soledad como un aullido
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