Fúnebre la mirada, los negros ojos huyendo de algo
transcurriera el sol hasta su cumbre rojamente
cumbre nevada y ardiente sobre la cabellera translúcida
negando un rojo cielo que la persigue
Ya llegan los pájaros al agrio escenario. Tormenta
de sueño en sueño se nublan los poetas y las almas
cayendo al suelo del mediodía una mujer morena
caída como en un espacio de cantos entre los árboles
Quedarán los cantos, quedará la mujer del mediodía ardido
y un silencio de camposanto lo barrerá en un desquicio
Nubarrones y presentimientos de luces apagadas
Llanto de un adios lleno de metales chirriantes
No hay comentarios:
Publicar un comentario