Vendría a una noche misteriosa
oliendo a calurosas brasas acabadas.
Y verías que vengo de muy lejos,
siempre escuchando oscuramente, en cada pisada,
como en un ropaje antiguo,
el verbo susurrado y roto,
la esquina tomada en la impensable alborada.
Porque creí creer en un cuerpo tendido
la noche más profana concebida,
la dignidad que sostuve perseverante,
y el campo de espigas soleado
que al labriego desdobla el alma,
sabrás un día que enamorarse
de este comercio que tan poco pan me daba,
y ufanarse de la pobre dádiva,
me costó solamente cerrar los ojos
y creer cerrados también los tuyos.
domingo, 16 de junio de 2013
lunes, 3 de junio de 2013
Mi pan despeñado...
Mi pan despeñado en una noche inflexible.
La lengua que lame y chirría con su calmosa danza.
Vengo a abrirte la vereda
por la que escapar con la mujer del alba.
Ella vino torneando su cadáver. Hasta las caderas,
y mucho más arriba, podrás besarla.
En la danza hallarás púas
con que clavártela a la espalda.
¿No ves que viene sola y ya sin alma?
Robusta de calor y fresca, la brisa no la hiere, ni traspasa,
el huerto de su inmaculada entraña.
Tan acaudalada de muerte, tan ingenuamente inanimada...
¡Vean cómo la usan los hombres del alba!
La lengua que lame y chirría con su calmosa danza.
Vengo a abrirte la vereda
por la que escapar con la mujer del alba.
Ella vino torneando su cadáver. Hasta las caderas,
y mucho más arriba, podrás besarla.
En la danza hallarás púas
con que clavártela a la espalda.
¿No ves que viene sola y ya sin alma?
Robusta de calor y fresca, la brisa no la hiere, ni traspasa,
el huerto de su inmaculada entraña.
Tan acaudalada de muerte, tan ingenuamente inanimada...
¡Vean cómo la usan los hombres del alba!
domingo, 19 de mayo de 2013
Vientre y voluptuosidad...
Vientre y voluptuosidad púbica
y su rotura. Cuando todo se establecía
sobre la Tierra y nada tenía nombre
de estremecimiento ¿dónde manaría
este peso de mi rayo? ¿Qué hermosura
sangrienta y cuál noche me vulneraría?
Qué solitario está el hombre
borracho de la nieve negra ¡Quién lo diría!
Vértebras confusas por el suelo
sondando lo insondable rodarían.
y su rotura. Cuando todo se establecía
sobre la Tierra y nada tenía nombre
de estremecimiento ¿dónde manaría
este peso de mi rayo? ¿Qué hermosura
sangrienta y cuál noche me vulneraría?
Qué solitario está el hombre
borracho de la nieve negra ¡Quién lo diría!
Vértebras confusas por el suelo
sondando lo insondable rodarían.
viernes, 10 de mayo de 2013
La calle mía tendrá otro sabor...
La calle mía tendrá otro sabor,
no será como cuando yo la recorría,
habrá otra flor única en el jardín seco
y otra indumentaria vestirá al vividor.
No entenderán las golondrinas,
al volar raso en mi tejado,
qué exhalación de hombre dejó
tanta soledad adentro del mirador.
Y acaso sobre el mármol polvoriento
ruede una flor evocadora
que exima de lágrimas al último amor.
Y no será ese cielo el cielo mío,
y hará frío en el hogar en penumbra
donde fui poeta y atesoré recuerdos
que valen lo que vale una alucinación,
esa manera en que cultivamos el escondido don
de vivir, y, en buena armonía,
el furibundo ciclón
al que nos empujaron.
no será como cuando yo la recorría,
habrá otra flor única en el jardín seco
y otra indumentaria vestirá al vividor.
No entenderán las golondrinas,
al volar raso en mi tejado,
qué exhalación de hombre dejó
tanta soledad adentro del mirador.
Y acaso sobre el mármol polvoriento
ruede una flor evocadora
que exima de lágrimas al último amor.
Y no será ese cielo el cielo mío,
y hará frío en el hogar en penumbra
donde fui poeta y atesoré recuerdos
que valen lo que vale una alucinación,
esa manera en que cultivamos el escondido don
de vivir, y, en buena armonía,
el furibundo ciclón
al que nos empujaron.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Callando va...
Callando va con su sangre escapada
al íntimo calvario.
Se le ha volcado el alma
en este monte cerrado.
Y ahí va el cantor enloquecido,
la camisa con olor ya, y el costado
inclinado a no sé dónde
con osadía y ametrallado.
Ya no hay sombras ¿sabe usted?
Interminables dedos desatados
se hunden en su pecho revestido
por dos mil balazos.
Bala a bala le han extraído
un tesoro inviolado.
al íntimo calvario.
Se le ha volcado el alma
en este monte cerrado.
Y ahí va el cantor enloquecido,
la camisa con olor ya, y el costado
inclinado a no sé dónde
con osadía y ametrallado.
Ya no hay sombras ¿sabe usted?
Interminables dedos desatados
se hunden en su pecho revestido
por dos mil balazos.
Bala a bala le han extraído
un tesoro inviolado.
lunes, 6 de mayo de 2013
Respiro del día...
Respiro del día la cadencia de la rosa,
imantado por un dios que sopla y golpea
mi frente con relámpagos,
que me habla y olisquea,
que se apiada de tanta luminosidad que sobra,
la que cae por mi espalda y flamea
terribles idilios entre la inteligencia y el día.
Quisiera, mejor, para mí una noche, padre. Dígale
a ese dios que me desposea.
¿Mi alma sin lumbre?... ¡Sin rosas, ya, también clarearía!
imantado por un dios que sopla y golpea
mi frente con relámpagos,
que me habla y olisquea,
que se apiada de tanta luminosidad que sobra,
la que cae por mi espalda y flamea
terribles idilios entre la inteligencia y el día.
Quisiera, mejor, para mí una noche, padre. Dígale
a ese dios que me desposea.
¿Mi alma sin lumbre?... ¡Sin rosas, ya, también clarearía!
sábado, 27 de abril de 2013
Rozaría el cielo...
Rozaría el cielo gradualmente, y aún en tinieblas,
pensaría que no es sangre lo que escapa a borbotones.
Cielo, sangre, serían la misma nieve,
y lloraría, lloraría todo, mucho, en rectas respiraciones.
¿Acaso no da la tierra harto espacio para andar?
Mudo quedo adentro de todos mis corazones.
Ven a esta sombra que el cielo engulle cual espada
y se esconde en su vientre rajado en tantas direcciones.
¡Ay, si se desplomara con dolor de marfil
la casa con sol que edificó esta concurrencia de bendiciones!
pensaría que no es sangre lo que escapa a borbotones.
Cielo, sangre, serían la misma nieve,
y lloraría, lloraría todo, mucho, en rectas respiraciones.
¿Acaso no da la tierra harto espacio para andar?
Mudo quedo adentro de todos mis corazones.
Ven a esta sombra que el cielo engulle cual espada
y se esconde en su vientre rajado en tantas direcciones.
¡Ay, si se desplomara con dolor de marfil
la casa con sol que edificó esta concurrencia de bendiciones!
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