Redondo es
el misterio que arrojas.
Y si huyo a
mi destierro alegre
tus pechos
no se duermen en el olvido,
sino que
arrollan todas las redondeces
misteriosas
que afligen mi vida,
y me dan
pobreza enamorada,
venas y
cantos que empujan en la subida
a la
garganta centelleante,
el amor
confuso de mi festiva
negación
clarividente del rio que nos arrastra
hasta un mar
inmenso de siemprevivas.
La intacta verdad que cuidan todas las mentiras.