El pensar es un bramido
que regresará a las encinas
en el cuerpo de un animal mojado
y el esplendor de una puta dormida.
Mi alma pobre no tiene pájaros
para el cuchillo de la alborada.
Un sueño tengo cerrado,
abierto, es dos veces la misma gana.
Perplejidades cuando ha oscurecido,
me roban la reluciente medalla,
los pobres vocablos con que había amanecido.
Es la noche, así la noche cerrada,
el viento ha meditado
congelarme la sangre y el alma.