Claridad por los montes,
verdura y pus.
Sobre las piedras meditantes,
mis uñas que se clavan en la luz.
Yo lloro por el relente
donde podrías venir tú.
Tú lloras también de repente
porque yo podría no ser yo,
y esta amanecida podría envolverte
con los ojos vendados
del viento como un pulmón inerte.
¡Mira los enroscados
de mis palabras que vienen a besarte!
Yo, ya me he contentado
de alquitrán y derretidas voces.
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