Agua que mancha desquiciando,
una pura tarde de llovizna y sol,
las puntas de los dedos.
Y presienten. Y presiento yo no sé.
En una mancha eterna,
manchadas están las orillas.
Los dedos, las uñas enloquecidas presienten.
Duerme la mancha en su eterna orilla,
los ojos conminan, las uñas ¿qué presienten?
Callado está el mundo, y yo no sé,
dobladas están las orillas de las uñas.
Pero, amor mío, qué presienten.