Vienes como una mariposa rota
a mi corazón amargo,
tan angosto que no te podrá entender,
a un cristal que no vas a escindir ni romper.
Alas que nunca hicieron daño,
con puros colores, llevaste
a mis venas amaneceres y estallidos.
Extrañeza diste a mi mirada
fija en el horizonte de oro y conmovida
de un aroma de mar,
de un perfume azul la llenaste.