La fiereza del aguacero
te había desdibujado a lo lejos.
Tu vientre respiraba convulso.
Los hombros mojados
se preguntaron algo
que no compareció en tus labios.
Eras poblada por lo intransmisible.
Levantaste una duda con tus manos,
a punto inquirir apretaste los dientes,
un momento antes de someterte
a nuevos silencios.
¿Qué era, hermosa mía? ¡Dime!
¿Qué flor depositaste en el aliento?
¿Callas?... Yo lo sé:
¡Fue un acobardado beso!