Dormido, caído, precipitado,
pero dulce de alientos de mujer,
es mirado al pasar
y observado en el horizonte vibrante
de olorosas nubes.
¿Pasó ya su figura entrante
en el polvo de la lejanía?
Pasó. También pasó el semblante
de niño, las manos oxidadas en los bolsillos,
su cintura enteramente
se alteró. Sólo queda algo desproporcionado
e inútilmente deseoso de extraviarse.
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