miércoles, 11 de enero de 2017

Tu dolor me sabe a bueno...


Tu dolor me sabe a bueno, hermosa mía,
mientras gusto de las amapolas sobre tu cerebro
picudamente plegadas y clavadas, odiosa y bella,
gimiente hombre que acecha tu descanso
cuando reverbera en la calle el infierno y sólo se oye,
en esta noche negra en que enloqueces, un remanso
de angustia que exalta tu sueño de inútiles golpes,
contra tus ojos erguidos hacia el alba. Bebo el veneno del odio
que pruebo como el martillo del amor que me destroza.
Verte tan airada… ¡Pero verte!
Y darme lo mismo el odio que el amor
mientras ajeno al bien y al mal en ti piense.

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