Sonríe el agua en mi pecho.
Nado. Mi pecho sólo sabe que es agua
que sonríe, que trasnocha
en una noche en que todo me ama.
Ya estoy tan lejos
que no podría pensar en mi casa,
que olvido. Tampoco puedo recordar
a quién amaba.
No me abandona el animal
ni su costumbre de ofrendar
la vida a mi lado.
Sigo nadando. Voy a entrar
en un amanecer de invierno.
Sé que no me espera ningún mal.
A lo lejos, se dilata
el horizonte espectral.
¡Cuánta belleza nos sosiega a mí
y al mudo animal!
Sonríe el agua reservada a mi pecho.
La misma benignidad del agua que sueño,
tiene la sangre de mi animal.
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