¡Si me rozaran con su blancura!
Ya vuelven de dilatados jardines
emitiendo en sus temblorosas melenas
la razón de los jazmines.
Vienen por fijadas veredas
a donde tienen que prenderse.
Y se anclan, ciegas,
a las casas en su portada
como larvas acabadas.
¿Sabes de qué los hogares llenan?
Brumas hay también, hermano,
rellenando las esquelas.
¿Vas a dejar que se consuma
este quehacer tan viejo que centellea
de nevada y de aroma?
Espérate. Tengo que decirte algo.
Espérame. ¡Vuelve ya la blancura!
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