Es un adiós de mujer
que se aleja en la blandura
de un sólo silbo
que estira la llanura.
Se recrean las bisagras,
se estrecha la huida
de los quicios,
ronquea la cerradura.
El Edén caído,
toda la verdura
que se puede deshabitar,
en el suelo es una quemadura.
Mancebo de cucarachas
es el hombre de arcilla.
Y el adiós inexplicable
flota como una verdad nocturna,
que es amable
como moribumda,
en la noche en que se rompen
amada contra el amado,
columna contra columna.
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