Con tu risa, oh vida, me sobra.
Y si se humedecieran todas mis bocas,
ensalivadas y feroces
de esa avidez buena de las rocas,
ríe porque me quitarías el incendio
que arde en todas mis auroras.
Ríe porque desobedezcan todas
las inocencias y mucosas.
La eternidad seda como el aliento
de una mujer. Y si ríes alguién llora,
sorprendido de que la felicidad
no travesea ni escorza.
¡Oh, vida que ríes para mí!
¡Oh, complacencia pomposa!
Ríe aunque el intruso poeta
no te esperara tan hermosa.
Ríe aunque piensen los hombres
que eres perpetuamente ruborosa.
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