Oigo el
piano, lejos, en otra ciudad.
Está
llorando por mí.
Mirando al
horizonte, yo,
que nunca
supe pedir,
que no cese
el piano ruego.
Quisiera
pedirle algo más a la vida,
pero el
piano está llorando a lo lejos
y en
lágrimas bebo la sabiduría
de quién soy
y qué no quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario