jueves, 29 de agosto de 2013

Qué fiera alegría...

Qué fiera alegría sin desembocar
esparciéndose en mi espalda con luz.
Niego la nevada tronchadora
de mis juegos felices, mi testuz,
toda alma, que sutilmente tocas
contra el sangriento y común
morador de los vocablos yertos.
Ven que la blandura me subirá
a tus párpados siempre nuevos.
Se encarna la rosa en este amanecer
de la tierra dura que el labrador,
cansado, cansa y esteriliza.
¿Vendrás lentamente y azul, y voladora?

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