¡Que me
muero sin ese cielo frío
que me da morada
en la Tierra!...
Que si voy
desnudo por el jardín,
florezca a
mis pies una trasparencia
de vuelo
ciñendo a la lluvia
con redondos
desplazamientos de mi estrella.
Bajo el
aguacero, mi pensamiento
descalzo,
sin más ciencia
que ver el
propio rostro
en los
sucios charcos de la tierra.
Y ahora que
sólo un hombre en mí reflexiona,
y a solas un
hombre se contempla,
interminablemente
bajo la lluvia,
la fuerza de
su llama ya no atormenta.
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