viernes, 30 de agosto de 2013

Que me muero sin ese cielo...

¡Que me muero sin ese cielo frío
que me da morada en la Tierra!...
Que si voy desnudo por el jardín,
florezca a mis pies una trasparencia
de vuelo ciñendo a la lluvia
con redondos desplazamientos de mi estrella.
Bajo el aguacero, mi pensamiento
descalzo, sin más ciencia
que ver el propio rostro
en los sucios charcos de la tierra.
Y ahora que sólo un hombre en mí reflexiona,
y a solas un hombre se contempla,
interminablemente bajo la lluvia,
la fuerza de su llama ya no atormenta.

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