Porque te
quiero retener en cada despedida
y me aferro
a tu pecho mientras estoy dormido,
porque
danzas en mi excedida alegría
y eres mi
dolor infinito,
el solitario
tesoro que anda siempre conmigo,
tú que ves
la vida llorando tan cerca,
este
misterio de tener un amigo
que me dona
la mañana y la noche
en esta
sencilla eternidad en que vivo,
he de amarte
con la fe del asesino,
ahora que no
eres ni siquiera mi sangre
y que mi
libertad te ha elegido,
el canto que
percute en mi costado
-¡tan
bonito!- eres tú, mi prohibido egoísmo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario