sábado, 1 de febrero de 2014

Porque te quiero...

Porque te quiero retener en cada despedida
y me aferro a tu pecho mientras estoy dormido,
porque danzas en mi excedida alegría
y eres mi dolor infinito,
el solitario tesoro que anda siempre conmigo,
tú que ves la vida llorando tan cerca,
este misterio de tener un amigo
que me dona la mañana y la noche
en esta sencilla eternidad en que vivo,
he de amarte con la fe del asesino,
ahora que no eres ni siquiera mi sangre
y que mi libertad te ha elegido,
el canto que percute en mi costado
-¡tan bonito!- eres tú, mi prohibido egoísmo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario