miércoles, 30 de abril de 2014

La mujer que yo vi...

La mujer que yo vi, iba enseñando sus manos feas. Nadie querría casarse con ella teniendo unas manos tan feas. Las abría, las cerraba, y parecía quejarse el aire donde habían estado en suspensión. Yo las vi y fueron como un golpe rojizo contra mis mejillas. ¡Qué sola y qué amarga vida de soltera! Con sus manos podría haber hecho una mordaza para pisar todas las bocas de los hombres. Pero ella se dejaba. Sus manos, sus manos feas. ¡Qué sola y qué amarga vida de soltera!
   -¡Niña! ¿Alguien posó en tus manos las suyas?
   -Sólo mi mano izquierda en la derecha, señor. Me conformo.

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