Está mi corazón latiendo en una noche de estrellas distorsionadas. Descanso
la vista en lo descomunal y no sé qué trastorno de la bóveda las vuelve
dichosas, mientras yo canto una historia de amor triste. El alma se deja caer.
El corazón salta del torso. Mis ojos se cargan de lágrimas. Y no hay adhesión,
abajo o arriba, que me acompañe. No estarán solas las avecillas del amanecer.
Habrá otros mundos iluminados por un sol en el levante. Soñará la fuente seca con
niños que beben y juegan en ella. Pero aquí un hombre repetirá su canción
triste y soportará esta alegría inmensa que no cesa de caer empapando al mundo.
¿Quién obtendrá las fuerzas que resistan el empuje de esta embriaguez? ¿Sabrá
alguien de este rincón oculto en lo ilimitado donde un hombre se rebela para
llorar a solas? ¿Será que ya no tiene alma? ¡No habrá secreto mayor ni mejor
guardado!
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