martes, 29 de abril de 2014

Vengo de unos ojos que ardieron...

Vengo de unos ojos que ardieron en la inocencia. Como a ti me estremecen los labios y el mundo cuando despliega su misterio azul y sanguinolento. Amargamente observo mi cara en el espejo avanzando. Sé que tengo que morir y sé que reconoceré la hora. Flores saltan de mi pecho poniendo obstáculos a la tristeza. Pero yo, que amé tanto la llama que me encendieron y me asignó el tamaño del dolor de la espada, tan calladamente hundiéndose en mí, a veces siento que mi alma pasó lejos y liberada, igual que el amor que como un beso dulce entregué a los dientes de la muerte.

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